29/12/2011

Etienne Bourgois, co-director de Tara Oceans y presidente de Tara Expeditions: Preguntas sobre el 2012


Etienne Bourgois ©F.Latreille/Tara Expéditions

A escasos días del Año Nuevo, Etienne Bourgois saca un balance de la expedición Tara Oceans, del programa porvenir antes de regresar a Lorient, y de forma más general, de las misiones y del futuro de Tara.

¿Cuál es la originalidad de Tara Oceans?

A bordo de Tara, son casi tres años por el mundo entero dedicados a estudiar los micro-organismos marinos, con los mismos instrumentos, los mismos protocolos, los mismos laboratorios involucrados, etc. Eso es extremadamente raro para una expedición científica. Este tipo de misión será cada vez más difícil de organizar: es tan complicado obtener los permisos para muestrear el agua. ¡El océano se convierte en meta económica y política!

¿Para Usted, cual es el propósito fundamental de Tara?

Es fundamental emprender investigaciones científicas para comprender y prepararse a los impactos a largo plazo de los cambios climáticos en curso. Más allá de ser una plataforma para los científicos, nuestro enfoque medioambiental es muy importante.

¿Como co-dirige esta expedición con Eric Karsenti?

Tara Oceans reúne un equipo de 200 personas de 35 nacionalidades diferentes, lo que hace este equipo increíblemente rico. 200 personas que intercambian continuamente mientras siguen siendo muy competentes en sus respectivos campos. Es una aventura humana estupenda. Con Eric, somos los activistas, los catalizadores de este grupo. No somos directivos en absoluto.

¿En qué condición esta el barco después de la revisión en San Diego?

Tuvimos que cambiar las velas en San Diego, algo inesperado para nosotros. Haremos analizar estas viejas velas, se desgastaron más rápidamente de lo esperado. Hemos abierto el barco para cambiar el motor en nuestra última escala en California (Tara tiene tres motores, dos motores a bordo y siempre uno en tierra). También encontramos bastante desperdicio eléctrico. Pero el barco podría seguir por mucho tiempo en esta expedición, está muy bien cuidado por su tripulación. Doy las gracias a los marineros que dedican mucha energía para ello.

Los dispositivos científicos no han sufrido daños, nada se perdió, la calidad de las muestras enviadas sigue siendo muy buena. El equipo está muy perfeccionado y ahora podemos realizar estaciones en condiciones de mar difíciles.

Estamos a menos de 100 días del regreso. ¿Cuáles serán los momentos destacados hasta finales de marzo?

Tara acaba de pasar el Canal de Panamá y regresó al Atlántico. Nos acercamos a la casa. Pero no estamos allí todavía. Las condiciones meteorológicas hasta Lorient serán sin duda difíciles. El barco y la tripulación experimentarán un verdadero choque térmico.

Pasaremos por el Golfo de México donde haremos estaciones científicas cuya posición será bien elegida en función de la contaminación del derrame de petróleo. Luego haremos escala en Savannah, Estados Unidos, y en Nueva York. Esta visita es importante porque se ha previsto celebrar varias conferencias. Iré con Eric Karsenti, Romain Troublé, nuestro director de operaciones, y los principales coordinadores científicos.

Luego vendrán las Bermudas y las Azores antes de regresar a Lorient, el 31 de marzo. ¡Se está preparando una gran fiesta!

¿Cuáles son los planes del 2012 para Tara?

La expedición no termina con el regreso del barco. En el 2012, daremos cuenta de nuestra misión, en Lorient, en Brest y París. Daremos a compartir lo que hemos vivido a todas las clases escolares que nos han seguido, así como con al público en general y los científicos.

Publicaremos una revista "especial regreso " en francés, inglés y japonés, con Michel Temman de jefe de redacción y Loulou Picasso que lo ilustrará.

En junio, será el estreno de Planète Océan, la película de Yann Arthus Bertrand y Michael Pitiot en la cual estamos participando.

¿Y Luego?

Los próximos tres años se están preparando, todavía es demasiado pronto para hablar de ello. Tara continuará con sus misiones medioambientales y no hay que olvidar que se trata de un velero polar.

¿Cuál es su mayor frustración en esta misión?

No puedo ver más Tara en paisajes paradisíacos en mi computadora. ¡Llegué a mi límite!

En serio, el hecho de haber modificado la ruta en marzo pasado fue una decisión difícil, pero la correcta. Lamentamos no haber visto Tara en Tokio u Hong Kong, pero estoy seguro de que tendremos la oportunidad de ir allá.

¿Cuáles son los principales problemas ambientales que más le preocupan actualmente?

Desafortunadamente, la crisis económica prevalece sobre la toma de conciencia ambiental. Aprovecho esta oportunidad para agradecer a nuestros socios que nos apoyan en estos tiempos difíciles: el Fondo de dotación agnès b, la Fundación Veolia Environnement, la Fundación EDF DiversiTerre, la Región Bretagne, Cap l’Orient, World Courrier, la Fundación Albert II de Monaco, el CNRS, el EMBL, el CEA, el Genoscope, la Marina Nacional, las Aduanas y todos demás socios.

La Tierra se está calentando. El año 2011 fue el año más caluroso jamás registrado en Francia. El medio ambiente es una causa global que nos concierne a todos. Si no hay movilización de la población y de las generaciones más jóvenes, esto puede volverse muy difícil. Pronto seremos 9 billones en la Tierra, con los riesgos de inestabilidad que ello conlleva, causada por el hambre, las crisis humanitarias, la falta de agua.

Francia, que bien podría ser un líder para lidiar con estos retos, parece, por desgracia, no inscribirlo como prioridad.

¿Cuáles son sus deseos para el año 2012 de los seguidores en la web?

Feliz año nuevo a todos. ¡Únete a nosotros, apóyanos! Con Tara o con otras ONG, ¡luchen, actúen para cambiar las cosas, vayan a votar!

De un océano a otro


Tara en las esclusas de Miraflores,canal de Panamá. Blanchard/Tara Expéditions

Desde su salida de Lorient en septiembre de 2009, el velero-laboratorio ha hecho escala en numerosos lugares míticos, escalas que marcan particularmente una tan larga expedición. El cruce del Canal de Panamá será una de esas. Saliendo por la mañana del Océano Pacífico, Tara entra ahora en las aguas del Atlántico. Crónica de un cruce de un mundo a otro.

07:00. La calma de la noche da paso a la bulla familiar de los motores. El pesado casco se empieza a mover, iluminado por los primeros rayos del sol.

07:15. Cerca de una boya, una lancha rápida nos aborda. El piloto panameño que nos acompañara hoy sube a bordo. El instruirá nuestro capitán Loïc Vallette por las maniobras en las esclusas y los pasos delicados.

7:20. Llegamos a la primera boya que marca el inicio de la Canal. Un viaje previsto de unos 80 km. Estamos listos para cruzar un continente.

07:45. Tara pasa por debajo del Puente de las Américas, que por décadas fue la única manera de pasar de una ribera a otra. Aquí el estuario se estrecha par convertirse en canal.

08:20. Se divisan las primeras esclusas. El sol comienza a calentar la cubierta de Tara ahora más poblada.

08:55. Estamos en las Esclusas de Miraflores. Una llamada telefónica nos informa que la webcam del canal nos está enfocando, difundiendo la imagen en línea.

08:56. Se tiran líneas, se cierran compuertas, dejando atrás el Pacífico. Delante de nosotros un imponente carguero rojo relega los 36 metros de Tara al rango de simple lancha. Imperceptiblemente, el agua sube los dos barcos de unos metros.

09:35. Entramos en la segunda recámara. Se repite la rutina de las enormes puertas que se abren y cierran bajo la mirada insensible de algunos pelícanos.

09:50. Las puertas se abren sobre el lago Miraflores. Aceleramos rumbo a las siguientes esclusas, las segundas de un total de tres.

10:30. Estamos de nuevo en un ascensor acuático, esta vez las esclusas de Pedro Miguel. Sólo dos puertas para subirnos al nivel del Lago Gatún, 26 metros sobre el nivel del mar.

10:50. La tripulación libera las amarras que nos unen a los muelles. El hormigón y el acero dejan lugar a una exuberante vegetación en las orillas.

11:05. Pasamos bajo el Puente Centenario. Castigado por un sol abrasador, el nuevo equipo de científicos recién embarcados prepara su primera estación, programada para el día siguiente, comprobando la roseta y el laboratorio húmedo.

12:00. Descubrimos el lago Gatún y sus numerosos islotes. Loïc y el piloto panameño guían las 120 toneladas de Tara entre las boyas que definen el canal.

13:30. Después de una comida en cubierta, es el momento del briefing de recepción de los recién llegados, aunque varios sean ya veteranos de Tara. El equipo científico aprovecha para exponer el programa y los objetivos de las estaciones de este leg.

14:40. Pequeño imprevisto: cambio de piloto. Tara corta sus motores y ancla en un rincón del lago. Larga espera. Nos mantenemos anclados hasta el anochecer, antes de pasar las últimas esclusas que se abren al Atlántico.

19:40. Después de cinco horas en silencio bajo un cielo incendiado por el sol poniente, arrancamos de nuevo los motores. El nuevo piloto ha embarcado, la vía está despejada. Podemos emprender la última etapa.

20:10. La noche ha caído sobre en el canal. Estamos en las esclusas de Gatún. Esta vez bajamos al nivel del mar. Nueva rutina de un juego de cuatro recamaras de esclusas bajo un cielo estrellado.

22:00. Se abre la última puerta. Y se nos abre el Océano Atlántico. Por fin.

22:40. Dejamos atrás la última boya que nos guió hasta mar abierto. El piloto deja el bordo. Estamos los 15 reunidos en cubierta, listos para este nuevo leg. Esta mañana estábamos en el Pacífico. Tara está ahora en un Atlántico que no dejara hasta Lorient.

Yann Chavance

22/12/2011

Tara en Panamá


Costa de Panamá. Yann Chavance/Tara Expéditions

Tara llegó a Panamá Ciudad. Cruzará el canal el 28 de diciembre.

Este jueves 22 de diciembre 2011, al entrar en el Golfo de Panamá, se dio por cumplido el leg 48 de Tara Oceans. La tripulación vuelve a pisar tierra, los primeros científicos se preparan para pasar el relevo al equipo del próximo leg. Una escala sinónima de merecido descanso con una celebración navideña bajo el sol, algunos días de reposo antes de cambiar de océano.

La costa se nos aparece al amanecer, sembrada de numerosos cargueros, portacontenedores y demás que hacen cola a la entrada del canal. A eso de las 8 am, Tara llega a su área de anclaje, cerca de la península "Isla Flamenco", a pocos kilómetros de la ciudad de Panamá. A lo lejos, altos edificios del centro ciudad. Las horas pasan. Cuando el sol alcanza el cenit, llega el esperado bote de los oficiales a cargo de la entrada y del registro de Tara, para un cruce del canal previsto este 28 de diciembre.

Luego de una larga reunión técnica de arqueo e inspección de los equipos a bordo, cargado con una pila de documentos y los pasaportes de la tripulación, Loic se aleja en zodiac para tramitar la entrada aduanal y migratoria. Pasan las horas bajo un sol abrazador en medio de las visitas de fragatas y pelícanos. Después de un mes sin hablar con sus familiares, cada quien aprovecha para usar los teléfonos.

Al regreso del zodíac de Loïc, todo está en orden: tenemos la autorización de desembarcar. Se organizan en seguida los traslados de quienes quieren estirar las piernas. Unos elijen el taxi, otros prefieren un medio más castizo de transporte, un viejo autobús pintado de colores vivos. Los que se quedan a bordo la noche Navidad se van de compras de algunos modestos regalos.

Entre bocinazos y gases de escape, en los pasillos abarrotados de un enorme complejo comercial, el contraste entre la calma de las últimas semanas y el bullicio de la ciudad es algo violento. Pero no hay razón para quejarse: este leg se termina sin problemas. Para celebrarlo, nada mejor que una cena en un restaurante degustando una especialidad local, sellando las amistades que se han formado a lo largo de esta etapa. Mañana, desembarcará la mitad de la tripulación con una punzada en el corazón de los que salen de esta aventura humana y científica. En unos cuantos días, nuevos tripulantes descubrirán la vida a bordo, sus obligaciones y placeres. Se da la vuelta a una página de la bitácora, y Tara se está preparando ya para escribir la siguiente.

Yann Chavance

Momentos mágicos


Ciertas especies de fitoplancton, dinoflagelados en particular, emiten luz. J.Girardot/Tara Expeditions

A veces sabemos de antemano que las palabras no son lo suficiente fuertes, lo suficiente precisas, para transcribir a cabalidad ciertos momentos extraordinarios. Para captar toda la intensidad de esos instantes, uno los debe vivir, aquí en la cubierta de Tara sumida en la oscuridad. Esta noche, el espectáculo irreal que ofrece el océano está reservado para unos pocos privilegiados.

Ultima noche en mar abierto de una etapa San Diego – Panamá rica en emociones, antes de llegar a las costas de Panamá mañana por la mañana. Luego de una última estación científica seguida de un breve chapuzón, todos se juntan para la cena en la cubierta trasera: disfrutar de la frescura del anochecer que apaga por fin el calor sofocante del día. Al terminarse la cena, Loic Valette regresa apresurado de proa: "la luminiscencia es especialmente fuerte esta noche".

A lo largo de la navegación, los noctámbulos mas observadores han podido presenciar este fenómeno; Algunas especies de fitoplancton, en particular los dinoflagelados, son capaces de emitir luz. Esta bioluminiscencia se manifiesta de noche por pequeñas manchas verdes efímeras que constelan la superficie oscura del océano, con una intensidad variable según la cantidad de plancton presente. Y esta noche, hay mucho. A modo de anuncio de un espectáculo, Loïc apaga todas las luces en cubierta. Todos se ponen a la barandilla, explorando la oscuridad. Los surcos que traza el casco de Tara en las olas arrojan chispas, la espuma se tiñe de un halo verde. Uno juraría que hay un poderoso proyector debajo del casco. Algunos se apresuran en sacar su cámara fotográfica, como si haya que atestar que este espectáculo es real. Las palabras por si solas no alcanzaran a describirlo. Pero el ojo humano es siempre mejor que la máquina; En la oscuridad, ninguna cámara lograra capturar estas auroras boreales subacuáticas. Poco a poco, cada uno abandona la cubierta.

Por mi parte, me coloco encima de la nariz de Tara, de cara al océano. Un talkie en una mano, binoculares en otra, tomo el primer turno de noche. Hasta ahora los turnos se han limitado a una vigilancia monótona del radar, puntuada de unas cuantas rondas. Lejos de las grandes rutas marítimas, estábamos como solos en el mundo. Ahora que nos acercamos a las costas al entrar en el Golfo de Panamá, las luces de los barcos se multiplican en el horizonte, lo que exige una mayor vigilancia. Arrullado por el sonido de las olas luminosas que se estrellan en el casco, cortado a veces por la voz de Alain, el secundo oficial, que me pide precisiones sobre la posición de tal o tal barco, empiezo a ajustar mi visión a la oscuridad. El haz luminoso me parecía hasta ahora limitado a las aguas surcadas por el barco. Pero de hecho puedo contemplar millares de pequeños puntos luminosos en el mar. Tara parece navegar en un cielo estrellado en movimiento perpetuo. Ante una escena tan fascinante, casi hipnótica, uno piensa que el océano difícilmente puede ofrecer un espectáculo más suntuoso. Y precisamente en este momento, el mar decide demostrarme que estoy equivocado.

Escaneando la superficie, mis ojos se fijan en dos puntos brillantes a unas decenas de metros del barco. Dos torpedos, arrastrando una huella sinuosa de plancton luminiscente, zigzaguean a toda velocidad hacia la proa. Dos grandes delfines, bañados en un aura verde indescriptible, llegan bajo la nariz de Tara. Olvidadas, las formas precisas de los cetáceos en plena luz del día; Ahora son formas fantasmales. El delfín es en realidad invisible. Sólo micro-algas luminiscentes delatan su presencia, burbujeando un halo verde a su paso, dibujando su figura con una precisión asombrosa, como un pintor puntillista algo extravagante. Algunos segundos más allá del tiempo, antes de que ambas siluetas fascinantes desaparezcan por arte de magia. La magia ha durado un breve momento. Pero el recuerdo, el, permanecerá para siempre.

Yann Chavance

19/12/2011

El mundo perdido


Llegada a Isla del Coco.Y. Chavance/Tara Expeditions

Sobre todo, no dejarse llevar. Es el lema de los últimos días en Tara. Después de la decepción en Clipperton unos diez días atrás, el anuncio de una posible vista cercana a la Isla del Coco, otra mítica isla del Pacífico Norte, podría crear falsas esperanzas. Ayer, la decisión de programar una última estación antes de Panamá estuvo a punto de dar al traste con un acercamiento a la isla. Pero por la mañana de este domingo, la tripulación recibe un bello regalo de Navidad con unos días de antelación.

¡Isla del Coco! Son las palabras del despertar al amanecer. El sol no ha salido todavía pero todos están ya en cubierta, descubriendo una difusa silueta. No obstante sus reducidos 24 km2 la isla luce impresionante. Un escenario de película: Cantiles abruptos, como fuera de alcance, cubiertos de una espesa jungla de la cual brotan numerosas cascadas que caen al mar con estruendo. En este mundo perdido, uno tiende a imaginar un pterodáctilo olvidado o un gigantesco gorila. Tara zigzaguea entre numerosos islotes rocosos poblados de aves, un paisaje grandioso. Loïc se afana contactando las autoridades en tierra para pedir permiso de anclar unas cuantas horas.

De repente la radio nos contesta en español; Francisco funge de traductor. Las autoridades costarricenses desean saber más acerca de este barco en sus aguas: aunque situada a unos 500 km de sus costas, la isla pertenece a Costa Rica. Después de una larga explicación, Tara pone sus motores en neutro y espera una hora la llegada de los oficiales. Finalmente un pequeño zodiac nos aborda y sube un impresionante barbudo con pinta de revolucionario suramericano. A pesar de la barrera del idioma y gracias a la traducción de Francisco, el dialogo se torna rápidamente muy relajado. El funcionario se ira de Tara con libros, periódicos y otros recuerdos de la expedición, mientras se nos da la autorización de pasar unas horas en la isla.

En pocos minutos, el primer zodiac se llena de visitantes impacientes. ¡Tres semanas! Tres semanas sin pisar suelo firme, tres semanas sin sentir un piso inmóvil. Es por ende fácil entender la alegría cuando el zodiac aborda una pequeña playa frente a algunas barracas del Parque Natural, las huellas visibles del hombre en la isla. A los pies de una cascada, un pequeño sendero invita a la exploración. Un grupo se lanza al ascenso de una de las cumbres. La más alta se eleva a más de 600 m en un entorno de selva tropical, en pleno océano.

En este escenario tan particular algunos reviven las aventuras de piratas de su infancia. Se dice que Stevenson se inspiro del lugar para su libro "La isla del tesoro". Es incluso este apodo de la isla durante años el que estuvo a punto de acabar con ella: nutridos de las leyendas de piratas, bucaneros y corsarios que esconden sus botines en la Isla del Coco, cientos de cazadores de tesoros han escarbado la isla por años, destruyendo poco a poco el frágil ecosistema. La creación del parque en 1978 y el título de "patrimonio mundial de la Humanidad" otorgado por la UNESCO en 1997, han afortunadamente permitido rescatar la increíble biodiversidad de la isla. En esta jungla aislada del continente, la tasa de endemismo es muy alta: numerosas especies que existen solamente aquí. Isla del Coco se ha convertido en un lugar singular de estudio biodiversidad. En tierra y en el agua. Los jardines de coral que rodean la isla son ahora considerados como unos de los lugares de buceo más famosos, sobre todo para ver las especies más impresionantes: tiburones martillo, mantarrayas, tiburones ballena, y hasta orcas y ballenas jorobada mar afuera.

Este domingo, por falta de tiempo y equipo, la tripulación se limita a nadar cerca de la playa con visor y tuba. Atenta y alerta, ya que los guardianes del parque nos han explicado que los tiburones suelen abundar por aquí. Loïc lo certifica en vivo, cara a cara con un escualo en pocos metros de profundidad. Este breve chapuzón sube el ánimo de todos antes de volver por unos días más al mar abierto antes de Panamá. Al visitar la Isla del Coco, Jacques Cousteau la llamó "la isla más bella del mundo". Este domingo, nadie en Tara diría lo contrario.

Yann Chavance