18/09/2017

Chesterfield, la joya guardada


Estamos a punto de dejar las islas Chesterfield y enrumbar hacia Nouméa. Disfrutamos de los últimos momentos en la biodiversidad excepcional de este archipiélago francés. El primer balance de la observación de nuestros 3 spots de muestreo es muy positivo.

Christian Voolstra (KAUST) y el equipo científico concuerdan: “Estamos en un santuario. No hemos observado blanqueamiento pasado o en curso. Este ecosistema coralino goza de la salud de sus primeros días. Es la primera vez que veo eso. Las Chesterfield son una fuente de esperanza para el futuro. Sin embargo, estamos en la misma latitud que los arrecifes ya dañados de la Gran Barrera y de Nueva Caledonia. Nos urge entender por qué aquí,  el ecosistema se encuentra en tan buena  condición”.

Pese a la broca de taladro que no exigió 5 sumersiones por haberse atorrada en el coral por varias horas, hemos cumplido el programa integral de muestreo: biodiversidad, extracción de corazón de coral, recolección, todos elementos que permitirán caracterizar este spot.

Nos rodea una fauna abundante. Subacuática: atunes, bonitos, acantúridos (peces-cirujano), escáridos (Scaridae), meros, balistes, tiburones de punta negra y silver tip; En tierra: tortugas verdes en pleno periodo de reproducción; En los aires: cohortes de aves, alcatraces (Sulidae), gaviotas (Laridae), fragatas, pardelas.

A pesar de los desechos plásticos encontrados, toda la tripulación deja las Chesterfield, reserva del parque marino del Mar de Coral, con la sensación intensa de haber conocido una joya, todavía libre de los estragos del antropeceno.
 Vincent Hilaire.

13/09/2017

Islas Chesterfield



Después de 500 millas contra el viento, Tara ancla este 13 de septiembre en el archipiélago francés de Chesterfield, a unas 300 millas al noroeste de Nueva Caledonia. La vista de la isla Reynard nos alivia después de una navegación exigente de 4 días. Nadie ha dormido lo suficiente y todos aspiran a un poco de calma.

“Se parece a Clipperton”, opina François Aurat, cumpleañero de la semana. Una nube de aves, alcatraces y fragatas, batalla con vientos de 20 nudos arriba del verdor de la vegetación. Después de un primer intento frustrado de anclaje sobre fondos arenosos de unos 10 metros, Simon busca una posición mejor protegida por el arrecife, más al sur de este archipiélago de 120 km de largo y 70 de ancho, compuesto por 11 islotes separados por barreras de coral.

Su nombre le fue dado por Matthew Boyd, capitán inglés, quien exploraba el Mar de Coral en 1790 y casi naufraga en los arrecifes, el 2 de junio 1793. Usado por los balleneros, el archipiélago pasa bajo dominio francés el  15 de junio 1878. Las islas son luego abandonadas, hasta que, en 1939, el  comandante del “Dumont d’Urville”, buque militar francés, erija en Chesterfield una placa oficial. Las islas son ahora parte del territorio de Nueva Caledonia y del parque marino del Mar de Coral, el área marina protegida francesa de mayor extensión.

La laguna de Chesterfield cubre 3500km2, rodeada por una barrera de coral con múltiples pasos, salvo en sus costado este. La mayor parte de la laguna, de una profundidad promedia de 51 metros,  está expuesta a los alisios y al oleaje oceánico del sureste. 
Aisladas, las Chesterfield albergan una biodiversidad marina excepcional. Numerosas tortugas verdes ponen sus huevos todo el año, mientras abundan los tiburones fuera de la barrera, sobre fondos de varios cientos de metros de profundidad. El equipo científico de Tara ya está en sumersión, con un cargado programa de 3 lugares de muestreo a estudiar antes del viernes.

Vincent Hilaire

11/09/2017

Los contrastes de la Gran Barrera de Coral


Los lugares de muestreo (“spots”) que hemos estudiado en la Gran Barrera de Coral arrojan un primer balance contrastado. Heron Island es un paraíso terrestre y subacuático de biodiversidad. Pero a 300 km de distancia, Paul Reef y UN Reefs se encuentran en una condición muy diferente.

“Estamos muy satisfechos. Tara es totalmente operacional. Cada vez, hemos podido observar lo que veníamos a estudiar. Aunque sea poca cosa a veces, cuando el arrecife se ha vuelto pobre. Es la meta de Tara Pacific, poder comparar las situaciones”, nos confía Christian Voolstra, jefe científico hasta  Nouméa.

A parte de algunas plagas sobre los pólipos, el arrecife de Heron Island goza de buena salud. No se ve rastro de blanqueamiento pasado o reciente.
Un día de navegación más tarde, las aguas turquesas de Paul Reef aguardan un sorpresivo contraste.
“No hay vida debajo de la superficie. La mayor parte de las colonias está muerta. Por ende, no hay peces. Vemos aquí el resultado de un largo proceso”.

En UN Reefs, la situación es otra.  A 6 metros de profundidad en aguas de una transparencia excepcional, con fuertes corrientes, descubrimos una situación intermedia. Colonias en buena condición colindan con campos de corales muertos. Campos que no son la consecuencia de un blanqueamiento reciente, sino de un proceso antiguo.
“Estamos ahora al sur del arrecife más grande del mundo. Las destrucciones no son del mismo tamaño que en el norte.”
Al dejar este último spot, Tara se enrumba a  Mackay, en la costa australiana, para cumplir con los trámites de salida administrativa del país. Nos espera, luego, una navegación al este, hacia las islas Cherstefield y Nueva Caledonia.

Vincent Hilaire