26/12/2017

Sorong, Palau, Navidad en el Pacifico



La escala técnica de 4 días en Sorong, una provincia de Indonesia ubicada al oeste de Papúa Occidental, ha marcado la mente de la tripulación. Desconcertados, hemos descubierto un  grado de contaminación que no imaginábamos. Sorong, ciudad de más de 200 000 habitantes, está  invadida por desechos de plástico. Desafortunadamente, Sorong no es una excepción en el archipiélago más grande del mundo.

Ballet acuático de plástico
Los bancos de arena que bordean la ciudad  están cubiertos  de detritus: objetos desechables, bidones  de aceite, chanclas, encendedores... En su ballet acuático, el oleaje remueve  una sopa infame. Los usuarios de las numerosas  tiendas alineadas a lo largo de la carretera, arrojan sus desechos en la lengua de arena. Los canales cavados a lo largo de las casas para colocar la alcantarilla, acarrean cientos de botellas vacías. Al igual que el 80% de los desechos en el mar, todas estas botellas arrojadas al suelo seguirán el hilo del agua y terminarán en el océano. Cada año, entre 10 y 20 millones de toneladas de desechos de todo tipo se vierten en los océanos, de los cuales el 80% son plásticos. 
Según un informe publicado en el Journal des Sciences en 2015, el archipiélago de Indonesia es el segundo mayor contaminador en cuanto a plástico, justo después de China. Ubicado en el corazón del Triángulo de Coral, el territorio marítimo de Indonesia alberga, sin embargo, el mayor nivel de biodiversidad del mundo. Pero, ¿por cuánto tiempo?
En Sorong, los turistas cada vez más numerosos, toman el ferry para llegar a Waisai, puerta de entrada a Raja Ampat, un famoso sitio de buceo. Desde allí, los visitantes usan botes pequeños para alojarse  frente a las aguas turquesas  de las islas de Kri y Gam. Pero las hermosas playas están  también plagadas de objetos que los lugareños no se molestan en recolectar.
Bajo el agua, a pesar de ser el Parque Nacional Raja Ampat, la situación no es más agradable. Los derivados de petróleo y los organismos marinos colindan en un lugar que fue, hasta hace poco, un verdadero paraíso submarino.

Indonesia debe lidiar con una contaminación masiva. Según el Banco Mundial, un indonesio produce entre 0,8 g y 1 kg de residuos de plástico por año.  El archipiélago cuenta 250 millones de habitantes. En una de las últimas cumbres oceánicas mundiales celebradas en Bali, un ministro indonesio anunció planes para reducir la contaminación marina en un 70 por ciento los próximos ocho años. Pero en muchas islas del archipiélago, la recolección de desechos es solo un concepto.
¿A quién incriminar? ¿A los consumidores, al Estado, a la industria petrolera? ¿Qué hacer para revertir la tendencia?  En un país donde los ingresos son bajos, dominan las ventas al detalle de productos de plástico. Es toda una población que debe ser sensibilizada. Al mismo tiempo, las autoridades públicas deben desempeñar su papel al proporcionar un servicio eficiente de recolección y reciclaje.

Cuando las responsabilidades son globales, algunos expertos señalan a la industria del petróleo y su lobby. El Centro para el Derecho Ambiental Internacional (CIEL) opina que los fabricantes de plástico han tomado conciencia de los problemas causados por sus productos ya en la década del 1970. Pero una parte de la industria del plástico lo continúa negando y prefiere culpar a los consumidores, obviando el problema de la duración de vida de todos los subproductos hechos a partir de los granulados de resina.

Hoy, se aboga para la adopción de un tratado internacional que reduciría la crisis de plástico. Resulta  esencial restringir y regular su impacto, a lo largo del ciclo de vida de los productos, desde la producción hasta la contaminación del Océano.

Desde Sorong, dos días de navegación nos llevan a Palau, en el primer sitio de muestreo, Helen Reef. Esas 48 horas han permitido a los nuevos miembros del equipo, embarcados en Sorong,  adaptarse a la hora local y reponerse de sus largos viajes desde los Estados Unidos, Arabia Saudita, Francia y los Países Bajos.

Anclada en la laguna de Helen Reef, la reserva marina más grande de Palau, la goleta es ahora escenario de celebración navideña.  El nuevo equipo consta de 6 científicos y un artista holandés, Maarten Stok, quien hace vibrar nuestra ballena al canto de su guitarra. Junto a Nicolas Bin, y Samuel Audrain, Maarten forma una banda que amenizará la fiesta de Año Nuevo.  En la cocina, Marion Lauters refina el menú del 24 de diciembre: tarta de queso; mousse de aguacate y pescado crudo, helado de praliné hecho a bordo. Compartir, complacer al otro, una forma de vivir la tradición de Navidad en este rincón del Pacifico.

Noëlie Pansiot